¿ERES VERDADERAMENTE UN ADULTO O UN ADOLESCENTE?


Muchos padres se quejan de sus hijos adolescentes. Dicen que son “inmaduros”, que “se niegan a crecer” y “¿cómo voy a darles libertad si no se ganan mi confianza?” Pero curiosamente, y cada vez más, observo que de aquello que se quejan, ellos mismos carecen.


He atendido mujeres que han decidido terminar sus matrimonios aduciendo que “él no sabe lo que es ser responsable”; y hombres que dicen de sus mujeres “tiene 40 años pero se comporta como si tuviera 20”.


Así pues me di a la tarea de escribir este artículo con el fin de dilucidar qué significa ser adulto, y cómo puede alguien trabajar aquellos aspectos donde esté fallando con el fin de mejorar personalmente y cumplir a cabalidad los diversos roles que eligieron, especialmente en lo que respecta a sus relaciones con los demás.


Comencemos por describir la condición de adulto como alguien que ha alcanzado ya su pleno desarrollo y madurez. Así pues nos referimos a quien ya creció en estatura lo que debía y cuyos órganos y sistemas ya alcanzaron la plenitud anatómica. Pero eso no lo es todo. Desde el punto de vista psicológico, un adulto es una persona madura, eso es alguien que muestra signos de madurez.


¿Y cuáles son éstos signos?

• Sabe que es el responsable absoluto de su vida. Nadie más que él es responsable de lo que tiene y lo que no tiene. Él ha creado su actual situación por lo que ha hecho o ha dejado de hacer. Su realidad es el resultado de las decisiones que ha tomado, sea cual sea el entorno y las circunstancias que le tocó vivir. No da nada por sentado, ni piensa que los demás le deben, así que cuando recibe algo sabe cómo agradecer.

• Se esfuerza en otorgar a las cosas su justo valor. La humildad se desarrolla en grado paralelo a la madurez. La humildad no es pensar menos de sí mismo. Es pensar en si mismo menos. Las personas maduras no se consumen llamando la atención sobre sí mismas. Ven cómo otros han contribuido a su éxito e incluso pueden sinceramente honrar a aquel ser que los transciende. Ésto es lo opuesto a la arrogancia.

• Busca el equilibrio al tomar decisiones. Las personas maduras, viven según sus valores. Tienen principios que guían sus decisiones. Analizan las diferentes alternativas y buscan la que más les convenga para solucionar sus problemas o mejorar su entorno. Toman en cuenta su intuición y sus emociones, pero también consideran la información relacionada y a los posibles afectados. Pueden progresar más allá de simplemente reaccionar a las opciones de la vida.

• Sabe asignar a cada cosa su justo valor. Sin caer en extremos, una persona madura sabe que el mundo no gira en torno a ella y que en la familia y en la sociedad cada cual ocupa un lugar. Para todo existe un orden y ella lo respeta. Sabe cómo superar sus propios deseos para además satisfacer las necesidades de otros.

• No actúa impulsivamente. Se conecta con su sabiduría y busca consejos antes de actuar, si es necesario. Sabe que no tiene todas las respuestas. Cuanto más sabios se vuelven más se dan cuenta de que menos saben. No se avergüenzan de buscar el consejo de otros adultos (maestros, padres, coaches) o de distintas fuentes. Solo los sabios buscan sabiduría.

• Es capaz de mantener compromisos a largo plazo. Una señal clave de la madurez es la capacidad de retrasar la gratificación. Parte de esto significa que cumple sus compromisos incluso cuando éstos ya están desprovistos de la emocionalidad que aporta la novedad. Un adulto puede comprometerse a continuar haciendo lo correcto incluso cuando no le apetezca.